PRESENTACIÓN

 

 

Si escribir es enfrentarse a una página en blanco, hacer buenas fotografías es enfrentarse a un mundo emborronado.

A la página en blanco te enfrentas con tú interior, tú memoria, tus intenciones… al mundo te enfrentas con todo eso, pero él te ofrece más,  un presente, una realidad muy compleja. Por eso lo primero es la intuición y una forma de mirar, de encuadrar, de elegir. No es tanto lo que se quiere decir, como vivir el ahora, lo que pasa delante de tu cámara, de cierta forma.

Después está la interpretación y la organización de esos “ahora”, lugares, retratados. Y antes la reflexión, los interrogantes sobre la intención, el diálogo con las fotografías  ya hechas sobre el mismo tema, el después del trabajo anterior. Lo que puede llevar a cierta planificación en la mirada. Algunas veces la escena no se va, se puede volver a ella y pensar mucho entremedias, como cuando se trata de edificios, objetos, paisajes… pero al fin y al cabo sigue siendo algo encontrado. También se puede intervenir en ellas, como colocar los objetos como bodegones. Pero, al menos en mi caso, incluso esas escenas preparadas suelen estar inspiradas en algo visto, algo en lo que he puesto mi atención. Suele ser cierta perplejidad de lo cotidiano.

Es cierto que con el aluvión de imágenes, y la facilidad de tomarlas, estás se han devaluado, se pasa de una a otra sin prestar ninguna atención. Son una anodina repetición de fotos tomadas por la máquina, simples certificados de haber estado allí, de haber hecho esto o aquello, de llevarse todo para no volver a verlo. También se trata de un lenguaje para la comunicación instantánea, en ese caso, como a las palabras, a las imágenes se las lleva el viento. Algunos fotógrafos actuales utilizan en su obra esa multitud de fotos precisamente para referirse, entender, a ese hombre contemporáneo que las crea, y evitar así que desaparezca su testimonio. Se enfrentan, en vez de al mundo, a las fotografías ya realizadas por otros, anónimas.

Aunque valoro esa práctica, yo creo todavía en la fotografía como forma de interpretar el mundo y a uno mismo, como obra de arte independiente que se basta a sí misma. Se distinguirá por ello de las superficiales imágenes que tanto abundan como la buena literatura del habla cotidiana. Una fotografía puede llegar a ser un auténtico aforismo.

El arte es una forma de tomarse la vida en serio.

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